En 2025 confirmamos algo que va más allá de cualquier indicador: cuando existen oportunidades reales y un acompañamiento constante, las trayectorias de vida cambian.
No fue solo un año de crecimiento. Fue un año en el que vimos cómo el esfuerzo, la disciplina y las conexiones empiezan a abrir caminos que antes no parecían posibles.
El impacto empieza en una decisión: permanecer
Uno de los mayores logros del año fue la permanencia del 88% en nuestro programa de becarios. Detrás de ese número hay algo más profundo: jóvenes que, a pesar de las dificultades, siguen adelante. Que no abandonan. Que encuentran en la Fundación un soporte para sostener su proyecto de vida.
Hoy, 224 becarios están construyendo ese camino, y 126 nuevos se sumaron en 2025, confiando en que sí es posible llegar más lejos.
Cuando una meta se alcanza, el impacto se multiplica
Celebramos la graduación de 7 becarios, pero graduarse no es solo obtener un título. En muchos casos, es cambiar la historia de una familia.
El 55% de nuestros egresados son la primera persona en su hogar en acceder a la educación superior, y ese primer logro genera un efecto que trasciende: en el 65% de los casos, otros miembros de la familia también deciden o logran estudiar.*
La movilidad social, entonces, deja de ser individual para convertirse en un proceso colectivo.
Aliarnos para que las oportunidades sean reales
Detrás de muchas de estas historias hay un factor clave: las alianzas.
En 2025 consolidamos acuerdos con instituciones de educación superior que permitieron que el acceso y la permanencia en la universidad dejaran de depender únicamente de la capacidad económica de los jóvenes.

Gracias a estas alianzas Más becarios pudieron ingresar a universidades privadas, y se redujeron barreras económicas a través de descuentos, financiación y acompañamiento conjunto. Estas conexiones no solo amplían el acceso, le dan sostenibilidad a los sueños.

Más que acceso: proyectarse con confianza
El impacto no está solo en llegar a la universidad, sino en lo que pasa después.
El 90% de los egresados reconoce que las conexiones construidas durante su paso por la Fundación han sido clave en su desarrollo.
El 86% trabaja o emprende en algo relacionado con lo que estudió.
Y quienes hoy están en formación miran su futuro con optimismo: el 98% cree que las conexiones aportan a su desarrollo y el 97% siente que su carrera responde a su proyecto de vida.

Aquí es donde el modelo cobra sentido: no se trata solo de estudiar, sino de tener herramientas reales para avanzar.
El deporte como punto de partida
En paralelo, 94 niños, niñas y jóvenes hicieron parte de En Formación, un espacio donde el deporte se convierte en una escuela de vida. Allí no solo se entrena técnica, se aprende disciplina, constancia y confianza.
También se fortalecen entornos: 40 familias se vincularon activamente al proceso, entendiendo que el desarrollo no ocurre en solitario.
Y a veces, ese proceso abre puertas inesperadas. Como la de Valentina Giraldo, quien llevó su talento a un escenario internacional, demostrando que cuando el talento se acompaña, puede llegar tan lejos como se lo proponga.

Si algo aprendimos en 2025 es que las oportunidades no ocurren en aislamiento: suceden cuando alguien cree, cuando alguien conecta y cuando alguien decide abrir una puerta. Hoy podemos decir que el acceso a la educación ha dejado de ser una barrera para muchos de nuestros becarios, que las conexiones se traducen en oportunidades reales y que cada proceso acompañado tiene el potencial de transformar no solo una vida, sino muchas más. Porque más allá de los programas, estamos construyendo personas que se reconocen capaces, familias que amplían sus horizontes y comunidades que entienden que el progreso se construye juntos. La movilidad social no es una promesa, es un proceso. Y en 2025, lo vimos hacerse realidad.
*Esta información fue obtenida a través de nuestra primera medición de impacto en movilidad social, aplicada a una muestra del total de egresados.